|
El largo camino al paciente elemental_______________________________
Todas las ramas de la ciencia, tienen su
unidad elemental.
Para los físicos, es el átomo, para la
química, la molécula.
Medicina es arte y ciencia; como arte, su
unidad elemental ha sido siempre el paciente y como ciencia, su
unidad elemental es la célula.
La medicina moderna es un regalo de la
microscopía.
En ausencia del microscopio, nuestros
ancestros estuvieron obligados a numerosos tipos de
explicaciones, entre ellas, mágicas, mediante shamanes, etc. Los
griegos hablaban de los cuatro humores: sangre, flema, bilis
amarilla y bilis negra para explicar las enfermedades.
Aún ahora cuando nos referimos a los cuatro
humores hablamos de alguien flemático, sanguíneo, colérico o
melancólico (de mélas, “negro” y cholé, bilis).
Los progresos en medicina era limitados en
aquella época, pues era casi imposible reparar la máquina dañada
sin conocer cómo estaba hecha y como funciona. Los griegos, 300
a.C. no tenían microscopio, pero usaron muy bien, dos conceptos
microscópicos, tejido y parénquima, que fueron creados por
ellos.
Después de eso, otro griego, Galeno, trabajó
en Roma y estudió en Alejandría. El disecó animales, muertos y
vivos. Mediante disecar un cerdo vivo, descubrió la función del
nervio de Galeno, el nervio recurrente laríngeo. Fue él, quien
también observó los efectos de la sección total o parcial de la
médula espinal. Además, demostró que las arterías contenían
sangre, refutando lo que anteriormente creían, que contenían
aire.
Posteriormente, alrededor de 1316 apareció el
primer libro de Anatomía escrito por Mondito de’Luzzi en
Bologna, considerado un héroe disecando cuerpos humanos en
descomposición, sin guantes, sin antisépticos, ni fijadores, ni
agua corriente y sin nociones de infecciones. De hecho, muchos
disectores, murieron de tuberculosis contraídas en autopsias.
Las primeras Universidades que nacieron al
final de la Edad Media, incluyeron la disección como mayor parte
del currículo médico y se estableció así la asignatura de
Anatomía. Esto significa que los anatomistas fueron los primeros
patólogos: inevitablemente, durante sus disecciones, encontraban
órganos enfermos y los describían.
Como las prácticas de anatomía continuaban
(llamadas hoy en día autopsias) las descripciones de los órganos
enfermos continuaron.
La más sistemática descripción fue hecha por
Giovanni Battista Morgagni, Profesor de Anatomía en Papua
(1682-1771). Fue quien consideró primero la historia clínica
para después explicarlo por la autopsia; lo que ahora conocemos
como correlación anatomoclínica. El no usó ilustraciones, pero
tan pronto como se inventaron las mismas, las ilustraciones
médicas fueron una forma de arte.
Una colección espectacular de ilustraciones
es el atlas publicado en París por G.B. Cruveilhier (1829-1842).
Muchas de estas aún decoran las oficinas de los patólogos.
Esta evolución permitió conocer algunas
causas de muerte. Se observaba perforación de intestinos,
compresión de conductos principales a causa de tumores, etc;
pero el mecanismo último de la enfermedad no podía ser explicado
aún.
Sin los datos básicos del mecanismo íntimo de
la enfermedad, la terapia no progresaba.
En 1838, Matthias Jacob Schleiden (abogado,
botánico y físico) publicó que las plantas estaban hechas por
unidades microscópicas o células. Este conversó con Theodor
Schwann (1810-1882), un anatomista creativo y fisiólogo, que
había descubierto las células nucleadas en tejidos animales.
Como anatomista, fue él quien descubrió lo que ahora conocemos
como vaina de Schwann de los nervios.
En esa conversación entre ambos, Schwann
descubrió que todas las plantas y los tejidos animales estaban
hechos de unidades individuales microscópicas. El resultado de
esto fue su famoso libro publicado en 1839, llamado
Investigaciones Microscópicas de la Similitud en la Estructura y
Función Animal y Vegetal.
Así empezó una nueva era de la biología,
considerando la célula en todo su contexto.
Todas las revoluciones tienen un héroe y el
héroe de la patología celular es Rudolf Virchow, Profesor de
Patología y Terapia en Berlín (1821-1902). Fue un hombre de gran
intelecto, estadista, antropólogo, médico y científico.
En 1858 nace la teoría de la célula por
Virchow y 19 años después, es él quien cambia la cara de la
medicina. Publica “Patología celular como base sobre histología
fisiológica y patológica” y se convierte en un nuevo punto de
vista: la enfermedad no puede ser comprendida a menos que se
comprenda la anormalidad última en la célula misma.
El cuerpo humano fue entendido entonces como
un estado de células y cada célula un ciudadano; “una sociedad
de células vivientes, un estado diminuto bien ordenado, con
todos los accesorios… El individuo humano es como una
mancomunidad”. Esto fue una revelación. Tan convincente fue el
impacto, que la palabra de Virchow era evangelio.
Virchow utilizó el microscopio, al mismo
tiempo que trabajó con la química y la fisiología. Hizo una
maravillosa definición de la Patología: “Patología es fisiología
con obstáculos”.
Muchos de los términos que usamos hoy en día
– trombosis, leucemia, atrofia, hipertrofia, amiloide, mielina,
teratoma – fueron creados por Virchow.
Sus hazañas son consideradas las más
asombrosas, ya que en 1858 los métodos para inclusión y corte de
tejidos no existían.
Así, en esencia, la Patología moderna está
basada en Virchow.
Por eso se considera a la célula como el
paciente elemental.
La Biología moderna, considera la célula como
una criatura individual diminuta, con esqueleto, musculatura,
órganos digestivos, órganos respiratorios, aparato sintetizador
que funciona como un hígado microscópico y por supuesto la piel.
Los clínicos piensan ahora en términos de
receptores celulares y organelas y tratan con drogas que actúan
específicamente en ciertos blancos.
En las últimas décadas se han producido
revelaciones a nivel de patología molecular, capaces de revelar
las moléculas del ADN. Y aunque ahora podemos estudiar las
enfermedades en ocho niveles de complejidad, desde la población
a los genes, en cada nivel, la enfermedad ocurre en el paciente
elemental: la célula.
Traducción realizada del Libro: “Cells, Tissues
and Disease.
Principles of General Pathology”. Guido Majno.
Isabelle Joris. Blackwell Science. 1996. Pag. 11 – 14.
|