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El
Nobel y sus
maestros___________________________________________
Todos los años, durante los primeros días de diciembre, se
reitera en Suecia el rito que se remonta a 1901. Cumplida la
ceremonia de entrega de los premios Nobel en la Gran Sala de
Conciertos de Estocolmo, se realiza un fastuoso banquete en el
Salón Azul del Ayuntamiento de la ciudad. En esa ocasión, los
más de mil asistentes, ataviados de rigurosa gala y respetando
un estricto protocolo, disfrutan de un refinado menú, acompañado
por vinos seleccionados con extrema dedicación.
Como corresponde a todo banquete, los comensales deben retribuir
tanta esplendidez con el tributo de atención a los numerosos
discursos. El agasajo de este año no fue una excepción y los
premiados, uno por disciplina, cumplieron con la obligación de
agradecer – eso sí, muy brevemente- la distinción. Tres
científicos compartieron en 2007 el galardón en Fisiología o
Medicina por haber descubierto los principios que permiten la
modificación de genes específicos en células madre de ratones,
lo que dio origen a los “ratones de diseño”. En nombre de esos
investigadores, habló durante el banquete Oliver Smithies,
científico de origen británico que emigró a los Estados Unidos
durante la década de 1950.
Smithies comenzó agradeciendo a
los estudiantes y colegas de los premiados, y destacó que ellos
no podrían haber concretado sus trabajos sin su colaboración.
Pero su propósito era saldar una deuda más antigua: la contraída
con sus maestros. Para reconocerlos, evocó tres experiencias
personales. La primera se remontó a su escuela primaria en
Halifax, Inglaterra, donde tuvo un profesor de matemática, el
“raro” G.E.Brown, que desagradaba a sus alumnos y cuyas clases
se caracterizaban por la indisciplina. “Pero –dijo- amaba la
matemática y el cálculo y logró transmitir ese amor al menos a
uno de sus estudiantes: a mí.”
Es
la de Smithies una clara respuesta a aquellos maestros que,
lógicamente se desaniman ante las crecientes dificultades de
todo tipo que deben enfrentar en su tarea cotidiana. Pero si
quien enseña algo tiene el privilegio, durante el curso de su
vida, de contagiar al amor por eso que enseña, al menos a un
alumno, esa vida habrá adquirido su más pleno sentido. Ningún
docente sabe si germinarán las semillas de humanidad que va
sembrando en su quehacer cotidiano, ni tampoco cuándo y en quién
lo harán. En este caso, el entusiasmo de Brown floreció en ese
alumno que acaba de recibir el premio Nobel.
La
segunda experiencia que citó Smithies fue la que vivió con Field
Morey, un distinguido aviador que le enseñó a volar cuando tenía
más de 50 años, una tarea nada sencilla. “Pero-dijo-me enseñó
algo más importante que pilotear un avión. Me enseñó que es
posible superar el miedo si se tienen conocimientos.” Ese miedo
– el de fracasar-que experimentamos cuando emprendemos algo
nuevo puede ser superado mediante el saber.
Fue su tutor en Oxford quien le transmitió una concepción de la
ciencia que orientó toda su vida. Smithies recordó el
pensamiento de Alexander Ogston, distingudo químico, quien dijo:
“Porque la ciencia es más que la búsqueda de la verdad, más que
un juego desafiante, más que una profesión – es una vida que
personas muy diversas transitan juntas, en la más cercana
proximidad, una escuela de vida social-, somos miembros unos de
otros.”
Y,
al igual que las anteriores, ésa es sin duda una lección que
trasciende la actividad científica. Porque la vida de todos no
es más que un intento de alcanzar la verdad, un juego
desafiante, una profesión. Y la transitamos en estrecha relación
con personas muy diferentes. Es con ellas que nos
complementamos, que compartimos la escuela en la que aprendemos
a vivir; porque, como señaló el maestro Smithies, “somos
miembros unos de otros”.
Guillermo
Jaim Etcheverry *
Extraído de la Revista La Nación
– 13 de enero de 2008 - Argentina
Con permiso del autor
*
Biografía del autor.
Guillermo JAIM ETCHEVERRY__________________________________________________
Completó sus
estudios de medicina con Diploma de Honor en la Facultad de
Medicina de la Universidad de Buenos Aires. En esa institución
obtuvo el título de Doctor en Medicina en 1972, habiendo
merecido su tesis de doctorado el premio Facultad de Medicina a
la mejor Tesis en Ciencias Básicas.
Dedicado en forma exclusiva a la docencia y la investigación en
el campo de la neurobiología, fue becario de iniciación y de
perfeccionamiento del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (CONICET), institución en la que
actualmente se desempeña como Investigador Principal en su
Carrera del Investigador Científico.
Ocupó todas las posiciones docentes en el Departamento de
Biología Celular e Histología de la Facultad de Medicina (UBA)
en el que actualmente es profesor titular. Entre los años 1986 y
1990 fue decano de esa Facultad. Realizó estudios de posgrado en
Basilea, Suiza y, entre otras distinciones, obtuvo la beca de la
John Simon Guggenheim Memorial Foundation que le permitió
trabajar en el Salk Institute de La Jolla, California durante
1978. Es editor de numerosas publicaciones nacionales e
internacionales.
Es
miembro correspondiente de la Academia Ciencias Médicas de
Córdoba y miembro de número de la Academia Nacional de Educación
y de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la
Comunicación.
En
1999 publicó el libro titulado "La tragedia educativa" que
recibió el premio al mejor libro de educación del año otorgado
por las X Jornadas Internacionales de Educación. En 2001 recibió
el premio “Maestro de la medicina argentina”. En mayo de 2002
fue elegido rector de la Universidad de Buenos Aires para el
periodo 2002-2006.
En
2004 fue elegido Foreign Honorary Member por la American Academy
of Arts and Sciences de los Estados Unidos de América e integró
el jurado que otorgó los “The Rolex Awards for Enterprise”.
Desde 2005, preside el Comité de Selección de las becas que
otorga la John Simon Guggenheim Memorial Foundation y ese año
fue designado Chevalier dans l’Ordre des Palmes Académiques por
la República Francesa.
Actualmente preside la Fundación Carolina de Argentina. En 2007
recibió la Médaille d’Or de la Societé d’Encourgament au Progres”
de Francia.
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